Escuela de Padres
 

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL NIÑO

Tradicionalmente se ha considerado la inteligencia únicamente como cociente intelectual; así, ser inteligente suponía tener éxito académico, ser rápido a la hora de resolver un problema matemático, tener amplios conocimientos culturales o comprender un texto con facilidad.

Sin embargo, y cada vez con más frecuencia, se va incluyendo el concepto de inteligencia emocional como un componente más de la inteligencia.

La inteligencia emocional es aquella que hace referencia al mundo de las emociones y de los sentimientos. Una persona con inteligencia emocional sabe expresar sus sentimientos, ponerse en el lugar de los demás, automotivarse, etc.

De este modo, se amplía el concepto de inteligencia, entendiendo que éste tiene varias dimensiones; una persona puede tener un cociente intelectual muy elevado, pero carecer de inteligencia emocional; será, por ejemplo, una persona con éxito profesional, aunque con dificultades para entablar una relación. Y, viceversa, personas que no tienen grandes habilidades intelectuales pueden tener facilidad para hacer amigos, para tener una gran aceptación en diferentes ambientes sociales (lo que se entiende como “caer bien” a la gente) o para empatizar con los demás.

Cada vez existen más estudios que sugieren que los niños con alta inteligencia emocional tienen mayor seguridad en sí mismos, son más felices y están más preparados para enfrentarse a los retos del día a día.

Frecuentemente, reprimimos las emociones de los niños, los instruimos para que no muestren sus sentimientos en público, para que no molesten, ni llamen la atención. Esto trae como consecuencia que el niño aprenda a no expresar sus sentimientos y, por lo tanto, poco a poco vea mermado su desarrollo emocional.

Cada vez más, las nuevas generaciones de niños parecen ser más inteligentes, sin embargo, sus capacidades emocionales y sociales van disminuyendo.

El papel de los padres es fundamental para el desarrollo de la inteligencia emocional en los niños; éstos deben enseñar a sus hijos a conocer el mundo de los sentimientos y de las emociones, favoreciendo que hablen de ellas y aprendan a identificarlas, de manera que poco a poco vayan sabiendo cómo encauzarlas.

Sin embargo, puede resultar una tarea difícil para los padres ya que, a veces, ellos mismos carecen de habilidades emocionales, por la educación que han recibido o por las circunstancias de la vida. Los padres son un modelo para sus hijos y ejercen un papel fundamental en el desarrollo de su inteligencia emocional. Frecuentemente decimos frases que no benefician al mundo emocional del niño, por ejemplo: ¡te puedes estar tranquilo de una vez!, ¡No seas llorica!, etc. En lugar de esto podríamos decirle: ¿por qué estás tan nervioso? cuéntame qué pasa, o ¿por qué lloras tanto?.

La comunicación con los hijos es fundamental para ayudarles a canalizar sus emociones y sus sentimientos. Preguntarles qué tal les ha ido en clase o cómo se relacionan con sus amigos, fomentará la expresión de sentimientos; pero los niños han de sentir que se les escucha y se les entiende y, nosotros mismos, debemos hacer un esfuerzo por empatizar con ellos (por ponernos en su lugar) y entender los conflictos por los que pasan a diario según la etapa evolutiva en la que se encuentren.

 

Elena Moreno Gómez (Psicóloga)
Asociación Cívica para la Prevención

 
Volver

Diseñado por mondodesign