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El niño con autismo

“Iba de un lado a otro sonriendo, haciendo movimientos estereotipados con los dedos, cruzándolos en el aire. Movía la cabeza de un lado a otro mientras susurraba o repetía el mismo soniquete de tres tonos. Hacía girar con enorme placer cualquier cosa que se prestara hacerse girar… Cuando le metían en una habitación, ignoraba completamente a las personas y al instante se iba por los objetos , sobre todo aquellos objetos que se podían hacer girar… Empujaba muy enfadado la mano que se interponía en su camino o el pie que pisaba uno de sus bloques”.

Kanner 1943

 

El autismo se describe como un Trastorno Generalizado del Desarrollo, de origen biológico y que afecta a tres áreas fundamentales en la evolución de un niño:

• Nivel comunicativo y del lenguaje.

• Nivel de relación social.

• Nivel conductual en lo que se refiere a patrones repetitivos y estereotipados de actividades e intereses.

Fue descrito por primera vez por Leo Kanner en 1943 tras el estudio de once casos de niños que presentaban síntomas parecidos. Se trata de un trastorno muy heterogéneo (no hay dos niños iguales) pero comparten una alteración temprana en el desarrollo de las tres funciones antes mencionadas. Lo que ocurre es que el nivel de esta alteración varía en cada caso en función de la severidad del trastorno y de las características personales del propio niño.

Los primeros síntomas del autismo pueden observarse a partir de los 24 meses (aunque algunos padres informan de que algo “no va bien” a partir ya de los 18. Según estudios (Instituto de Investigación de Enfermedades Raras-Instituto de Salud Carlos III) se ha comprobado que los comportamientos más llamativos para los familiares son los relacionados con la alteración de la comunicación , especialmente la ausencia de lenguaje oral, no responder a su nombre, no mirar a los ojos, no “llevar y mostrar” cosas a los demás, y no señalar con el índice; en el ámbito de las relaciones sociales los padres destacaban sobre todo la falta de atención, de interés o curiosidad sobre lo que hacen o dicen las personas que les rodean, las relaciones poco adecuadas con otros niños de su edad, la ausencia de sonrisa social y también las rabietas aparentemente injustificadas.(Para más información ver Riviére .A “¿Cómo aparece el Autismo?. Diagnóstico Temprano e Indicadores precoces del Trastorno Autista”. “El niño pequeño con Autismo”.Comp. Riviére.A; Martos.J. APNA , Madrid 2000).

Mi experiencia como profesional de este campo es muy gratificante, pero hay que tener en cuenta que los logros o avances terapéuticos los conseguimos poco a poco y a largo plazo. Es importante tener esto en cuenta porque si no podemos caer en el peligro de frustrarnos en nuestro trabajo diario con estos niños.

Creo que desde el primer momento que nos ponemos delante de un niño con autismo debemos intentar crear un vínculo con él. Tenemos que ganárnoslo de alguna manera, de tal modo que nos convirtamos en algo interesante, que merezca la pena mirar y prestar atención. A partir de aquí nos va a ser más fácil trabajar con él, darle órdenes o pedirle que haga cosas cotidianas que no le terminan de agradar. La mayoría de las terapias van orientadas a desarrollar este vínculo social, pero también es necesario que se lleve a cabo este trabajo fuera de la terapia, en la familia, amigos o personas que le rodean en su entorno.

Relacionarte con un niño con autismo no es fácil, nos da la sensación que debemos saltar un muro para llegar a él. En principio no reunimos ninguna característica especial para despertar su atención, de tal modo que lo tenemos realmente complicado. Lo que debemos hacer es buscar herramientas o estrategias para hacernos interesantes a sus ojos. Gestos exagerados con la cara, ruidos con la boca como pedorretas, incluso en la mayoría de las ocasiones imitar sus propios movimientos o gestos despiertan la atención del niño hacia nosotros. Dependiendo de la severidad del trastorno este proceso puede durar minutos o meses, como se comentaba anteriormente cada niño es diferente y cada cuadro presenta unas características distintas.

Una vez que consigamos su atención, tenemos que intentar compartir ratos agradables con él. El niño nos tiene que asociar con algo agradable y divertido, de tal modo que la relación con nosotros le despierte interés y curiosidad. Generalmente si solemos hacerle cosquillas cuando le vemos, el niño se tumbará en posición de cosquillas cuando nos vea entrar por la puerta o nos pondrá la cara para que le hagamos una pedorreta. De esta manera ya se ha producido un condicionamiento: nos asocia con algo positivo. Asocia nuestra persona con algo tan agradable y placentero como las cosquillas o las pedorretas.

Creo que a partir de aquí se va montando todo el trabajo que queremos llevar a cabo con un niño con autismo. Evidentemente no todo van a ser ratos de ocio, a este niño hay que educarle en todos los aspectos cotidianos, pero si ganamos su confianza nos va a ser mucho más fácil. Si conseguimos que los ratos de ocio con nosotros sean muy gratificantes, podemos utilizar estos momentos como refuerzos. Es decir, si queremos trabajar algo que realmente no le motiva en absoluto (como tener que permanecer sentado en la mesa fijando la atención en la actividad un determinado tiempo), podemos utilizar el juego como recompensa de haber trabajado bien: “primero trabajamos un rato y después jugamos en la colchoneta”. De esta forma vamos modulando su conducta y hacemos que el niño confíe en nosotros. Siempre que seamos consistentes a la hora de administrar el refuerzo: si le hemos informado que después de trabajar jugaríamos en la colchoneta, pase lo que pase debemos dedicar al menos cinco minutos a jugar con él, reírnos y compartir un rato placentero. Igualmente ocurre en casa a la hora de comer algo que no le agrada, vestirse o realizar alguna actividad poco llamativa para él.

Nos estamos convirtiendo en una persona con la que divertirse y en la que se puede confiar porque vamos cumpliendo todo aquello que le hemos anticipado. De alguna manera somos esa persona que “nos conoce” y con la que estamos tranquilos . Esto es el objetivo último a conseguir en la relación con cualquier niño con autismo.

Evidentemente queda mucho trabajo por realizar tanto a nivel educativo, como en lo referente a la autonomía y la comunicación (aspectos que igualmente deben ser adaptados a las necesidades y características del niño) pero teniendo claro en qué dirección va encaminada la relación con él, creo que por lo menos hemos subido el primer peldaño en nuestro trabajo.

Jana Teso Arrabé (Psicóloga)
Especialista en Atención Temprana
Asociación Regional de Afectados de Autismo y otros Trastornos del Desarrollo. Ciudad Real.

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