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El final del verano

“El final del verano llegó… y uf de golpe el estrés, el cole, el corre corre. Una de esas noches después de acostar a los niños y no encender la tele nos ponemos a programar nuestro nuevo curso…:

Me propongo para este curso…perder peso; matricularme en la facultad… Pues yo, me propongo para este curso… hacer algún tipo de deporte, colaborar con… ¡Para, para! Oye que se nos olvida algo ¿Qué tiempo vamos a dedicar para estar con nuestros hijos, para su educación? y ¿para enriquecernos y aprender sobre la educación de nuestros hijos?

Este dialogo entre una pareja puede ser representativo de lo que en este tiempo les este ocurriendo a muchos padres que se preocupan y se interesan en profundidad por la vida y la educación de sus hijos.

En este tiempo de planificaciones y de proyectos os animo a que vuestros hijos entren en vuestros planes de inicio de curso, no solo para buscar tiempo para que vayan a actividades extraescolares y todo aquello que les educa materialmente, sino mas bien para que gocen de vuestra compañía, hoy día valor indispensable y además una compañía de calidad en la que podáis compartir la vida con vuestros hijos.

Demos importancia al ESTAR más que al HACER, en nuestro mundo de estrés, de eficacia, de activismo, en esos parámetros en los que nos movemos incluimos inconscientemente o conscientemente a nuestros hijos, sometiéndolos a un ritmo vertiginoso no adecuado a su edad, ni a su madurez. Ellos al ser totalmente moldeables se adaptan y en el momento que hay una tarde más tranquila piden irremediablemente actividad, movimiento.

Redescubramos con nuestros hijos el gozo de estar tranquilos, del aburrimiento, del dialogo, del compartir lo que se vive, dejemos vacía nuestra agenda de actividades para llenarla de experiencias, de conversaciones, de peleas si es necesario, en definitiva de CONVIVENCIA FAMILIAR.

Para todo esto, valor indispensable: LA PACIENCIA, a todos nos gustaría hacer lo que este artículo propone, pero en cuanto buscamos algo de tiempo para hacerlo realidad, rápidamente nos invade el mal humor, los gritos, las exigencias, las amenazas con nuestros hijos, y es que ellos no son ni efectivos, ni rápidos en su quehacer diario. Por ello, pongamos el traje de la paciencia para nuestra convivencia y educación hacia ellos. Esto no significa ser permisivos, ni mucho menos, los límites y las normas son necesarias y fundamentales para su educación, pero para imponerlas no son necesarios ni los gritos, ni los reproches.

Hace poco leí un artículo que es muy clarificador y nos puede ayudar a entender porque hoy cuesta tanto al adulto EDUCAR, es el siguiente:

Todo el mundo opina “nuestra educación esta en crisis”.

Educar es ponerse delante del niño, de modo que este tenga un modelo para crecer. La educación esta en crisis, no porque falte dinero para la escuela ni porque los planes de estudio sean inadecuados- que también-, sino porque el adulto esta en crisis.

Prueba de ello es que antiguamente, un hombre sencillo, un agricultor sin estudios, podía enseñarle a su hijo con certeza: “cuando des la mano el trato esta cerrado, es tu palabra y la palabra es sagrada” o “Si amas a una mujer, respétala, porque será la madre de tus hijos”.

Es la desaparición de las certezas del adulto la que impide la educación del hijo ¿Cómo educar si desconoce el valor del trabajo, del amor, del compromiso, de la vida y de la muerte? ¿Cómo educar si a penas compartimos tiempo con nuestros hijos?.

De nada sirven nuestras palabras vacías si ellos reconocen en nosotros un adulto inconsistente, incoherente, afectivamente adolescente. Crecer sin la presencia de un adulto condena al niño a la eterna pubertad.

Mª Carmen Barrientos Vida
Psicopedagoga

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